La loba esteparia

martes, 23 de noviembre de 2010

Niño perdido

Me perdí. No sé dónde, en qué momento, ni por qué, pero me perdí. Y nadie me encuentra. Mi alma empieza a acumular intentos por encontrarse, por volver a lo que fue, si es que en algún momento fue, porque tampoco estoy segura de eso, a lo mejor esto es solo una especie de evolución de uno mismo, un cambio, ¿un bache se dice?
Empieza a pesar esta sensanción, más los días de lluvia, más cuando los días se hacen cada vez más cortos y las noches eternas, más cuando estás a pocos días de cumplir años, cuando te das cuenta mejor que nunca que el tiempo está pasando, y que no pasa solo para los demás, también te está pasando a ti, en tu propia piel.
Mucha gente, mucha mucha gente, rodeada de gente, e invisible. Invisible para mi misma. ¿Lo entiendes? No es esa sensación de soledad común que uno puede sentir cuando siente que los demás lo aislan, es el propio aislamiento. Aquí tu cuerpo se divide en dos, una mitad quiere volver ansiosamente a la ciudad, hace todo lo posible para lograrlo, pero la otra mitad quiere quedarse en la isla para siempre, desaparecer allí y no volver jamás... ¿Qué mitad ganará esta pelea? Aquella que yo alimente.

domingo, 24 de octubre de 2010

Como las serpientes

A nuestra manera, cambiamos de piel. Como hacen las serpientes. Estamos entrenados para arreglar lo que está descompuesto. Un fallo, un descuido, una arruga. Un límite es un símbolo de debilidad frente a los demás. Debemos estar preparados y hacer todo lo posible para evitarlo.
Los huesos se rompen, los órganos se desgastan, la carne se desgarra. Nosotros podemos coser la carne, reparar el daño, cambiar de piel.
Soy una roca. Soy una isla. Ese es el lema de las personas que quieren aferrarse a su piel y la quieren mantener para siempre, sin cambiarla. Pero por mucho empeño que le pongamos, la piel no es eterna, hay que renovarla, para bien o para mal. La vida es larga.
Muchas veces el cambio no se nota, los demás no lo ven, no lo sienten. Pero nosotros sí. Cambiamos, consciente o inconscientemente y, cuando lo hacemos, lo sentimos en lo más profundo de nuestro ser. Y así lo sentiremos, hasta que volvamos a mudar la piel. Como hacen las serpientes.

lunes, 11 de octubre de 2010

El señor del castillo

Me mudé con tres años, al poco tiempo de nacer mi hermana y recién estrenado el aumento de mi padre. Fuimos a parar a un piso nuevo del barrio de La Fuensanta, bastante extravagante, dejando atrás una casita muy pequeña que mis padres habían estado alquilando en La Viñuela.
Yo empezaría preescolar a los pocos meses. Mi madre me llevó a un estudio fotográfico, situado justo debajo de nuestro nuevo piso, para hacerme las fotos de carnet. La inocencia de la temprana edad de cuatro años junto a la gran imaginación heredada de mi abuela hicieron que aquella tienda a mis ojos se convirtiera en un palacio pequeñito, en el castillo que todas las noches aparecía en los cuentos de papá. La puerta principal ya dejaba entrever sus techos infinitos, sus puertas enormes, las paredes de piedra (mi ilusión óptica era más poderosa que aquel papel tapiz) y una lámpara enorme que colgaba del techo, muy alto, dejando caer cristalitos en forma de rombos que se reflejaban en el cristal del escaparate proyectaban los colores del arcoíris por toda la habitación.
Pero no fue esto lo que más consiguió llamar mi atención. Al fondo de la tienda, tras el mostrador, había un amplio arco con una cortina de terciopelo rojo. Pensé que allí se encontrarían los aposentos reales. De aquellas cortinas es de donde salió el señor del castillo. Nada mas verlo comprendí la exagerada altura del techo y el tamaño de las puertas, aquel hombre era dos veces más grande que cualquier ser humano. "Sin duda debe tratarse del rey", pensé.
- Parece que tenemos aquí una pequeña princesita dispuesta a que la retrate- dijo el rey, tendiéndome la mano.
Me solté de la mano de mi madre de inmediato para agarrarme a su manaza, que me pareció la de un gorila, pero sin tanto pelo. Mi cuello tuvo que estirarse mucho, colocando la vista en dirección al cielo, para poder mirar al señor que me llevaba hacia las cortinas. Él ya me estaba mirando cuando yo lo conseguí, con una amplia sonrisa sin llegar a enseñar los dientes y con los ojos casi cerrados, pero no del todo, permitiendo atisbar cierto brillo infantil en ellos.
Cuando volví a cruzar las cortinas para volver al lado de mi madre ya no era la misma, aunque a veces pienso que no volví a ser la misma desde que entré por la puerta principal de aquella tienda. Ahora, algunos fines de semana vuelvo a Córdoba para visitar a mis padres, y la parada del autobús me deja justo en frente de la puerta principal de la tienda. Muchas veces me la encuentro cerrada, y solo le echo un vistazo rápido antes de seguir mi camino. Pero cuando está abierta, él siembre está ahí, tras el mostrador, con unas gafas grandes de finas monturas de oro que protegen unos ojos viejos, cansados, a veces incluso tristes, pero siempre casi cerrados, no del todo, permitiéndome atisbar, incluso a gran distancia, cierto brillo infantil en ellos.

sábado, 9 de octubre de 2010

Todo pasa

- Cuando sea así grande, trabajaré en un hospital -, me dijo mi primo Luis ayer, cuando llamé por telefono para felicitarle por su cumpleaños. Mientras hablaba, algo me decía que sus manitas indicaban la altura que alcanzaría cuando llegase a ser mayor.
- ¿Y por qué quieres trabajar en un hospital, Luisito? -, pregunté.
- Porque me gusta ese sitio. La gente nace, la gente vive, y luego muere. Todo pasa allí.

Onírico destino...

jueves, 30 de septiembre de 2010

C'est toi

-¿Sabes lo que me cabrea? Que he estado hablándote de mi un año entero, sabes toda mi vida, todos mis gustos, aficiones y aspiraciones...y yo no sé nada de ti.
-Soy alérgico a los tulipanes y a levantarme temprano, soy licenciado en periodismo por la Université Catholique de Louvain, odio los cacahuetes, me entran ganas de matarte cuando acaparas el baño, te amo más que nunca cuando duermes, y te echaré de menos cuando por fin sepas todo de mi y te aburras de estar conmigo. Pero voy a procurar que eso no ocurra nunca, ayúdame y no hagas muchas preguntas.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Un ratito más

Cuando eres pequeña, la noche da miedo, mucho, mucho miedo, porque se esconden monstruos en el armario y bajo la cama. Cuando te haces mayor, esos monstruos no desaparecen, simplemente son diferentes. En vez de ser enormes, peludos y de grandes dientes afilados, pasan a ser la falta de confianza en uno mismo, la soledad, el arrepentimiento. Todas las teorías que tenía a los 6 años, como la de los reyes magos o la de que los adultos no tienen miedo a la noche, se desmoronaron al poco tiempo. Que seas más maduro y sabio por lo visto no te hace menos vulnerable. Quien lo diría.
Dormir no parece que sea difícil de hacer. Sólo cierras los ojos, esperas unos minutitos y voilà. Pero para muchos de nosotros, dormir puede estar en muchos casos lejos de nuestro alcance. Queremos hacerlo, pero no sabemos cómo, y ya no podemos llamar a papá o mamá para que se queden con nosotros hasta que podamos conseguirlo, todo se convierte en una batalla personal, estamos solos ante nuestros miedos.
A mi me gustan los días esos que no dan tanto miedo, esos en los que, aunque haya monstruos, miramos a un lado y nos damos cuenta de que no estamos completamente solos en la oscuridad. Y cerrando los ojos muy, muy fuerte, como si eso hiciese más efectivos nuestros deseos, pensamos: un ratito más, solo un ratito más.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Tengo ganas de que me desnudes. Quiero que me desnudes, entera, que me dejes sin nada, que me dejes con sólo lo que soy. Desnúdame, por dentro y por fuera. Hazlo ya, no esperes más. Mañana ya será tarde, puede que ya no quiera estar sin ropa, puede que haya pasado el momento. Aprovecha ahora, tengo ganas de ti y de nada más. Estoy cansada de utilizar unicamente mi imaginación... Quiero utilizarte a ti, manejarte, dominarte, poseerte. Dame lo que quiero, lo quiero ahora.

Ahora desearía que alguien me contara lo que él respondió.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Me gusta como quema

 ¿Alguna vez amaste a alguien tanto que apenas podías respirar? ¿Que no te dejaba conciliar el sueño? ¿Alguna vez te sentiste como si ese amor te golpeara? Dolor, escalofríos, mareos, enfermedad, vacío, veneno...
 Cuando cuento mi historia, la mayoría de las personas se alarman, me dicen que lo mejor es que cada uno siga su camino, que nos estamos haciendo mucho daño, que esta relación nos está quemando.
 Y yo les digo que está bien, que tranquilos, está bien. Que a mí me gusta cómo quema.
 Y luego me pongo triste, muy triste, y ellos piensan que por mi frustrante y dolorosa relación. Y en realidad es por ellos, por no tener la oportunidad de vivir lo que estoy viviendo.
 Una vez, Ginés Liébana me dijo: "No te preocupes, querida, el amor no duele tanto como crees. Además, es bonito sufrir por amor, sufrir por amor es una de las cosas más bellas del mundo. Hay que alegrarse de poder sufrir por amor".

Año nuevo

Vuelve septiembre, otra vez. Septiembre muchas veces te cambia todo, otras veces, te devuelve a la rutina y otras, como a mí, te llena de incertidumbre. Para mí el año nuevo no empieza el 1 de enero, empieza en septiembre, da igual el día.
Esas supersticiones absurdas que tiene la gente cuando llega año nuevo, como ordenar la habitación, cambiar las cosas de sitio, comer uvas, cambiar de look, llevar ropa interior roja... Esas estupideces yo no las hago el 1 de enero, no señor, yo las hago en septiembre.
De pequeña, amaba y, a la vez, odiaba terriblemente septiembre. La primera quincena iba a la playa con mis padres, pero al día siguiente de volver a casa ya tenía que ir al colegio y, para colmo, siempre me perdía la pequeña feria de mi barrio, que es del 4 al 8 de este mes, y los coches de tope tendrían que esperar hasta que llegara la feria de la ciudad.
Ahora, para mi septiembre es otra cosa totalmente distinta a la que era entonces. No es como marzo, que el pobre pasa desapercibido porque no tiene ningún acontecimiento a destacar, ni como mayo, que es alegre y vivo, y está lleno de fiestas. He llorado por septiembre. Siento que me da tiempo y que a la vez me lo quita, y eso me provoca miedo, porque encima de que me quita tiempo no sé ni para qué me lo está dando. Esto me hace pensar que algo tengo que hacer, que hay algo que debo cambiar, pero nunca me dice el qué. Este año he decidido que no voy a buscar ese algo, voy a dejar que me encuentre él solito. Y sé que el 30 de septiembre ya me habrá encontrado... y que el 1 de octubre me levantaré con resaca y será año nuevo, y vida nueva.

martes, 6 de julio de 2010

La Isla

Hoy tuve el valor de hacer caso a la recomendación de mi profesor de Latín y Griego de Bachillerato. Él nos mandó leer La Odisea, de Homero. No recuerdo si fue obligatoria o voluntaria, pero ayudaba a subir nota. Yo, por curiosidad, aunque no negaré que también por ambición y deseo de satisfacer a un profesor al que admiraba (y admiro), la leí.
Él nos decía que no sería fácil, que La Odisea tenía mensajes ocultos y que era de delicada comprensión para alumnos de Bachillerato tan poco preparados para lecturas de elevada complejidad.
Yo, entre otros alumnos, aceptamos el reto. Todos los días después de comer leía en mi casa hasta que la vista se cansaba, por las noches leía hasta que la vista se dormía. Así día tras día, parándome en partes complicadas, volviendo a leer hasta llegar a comprenderlas, haciendo pausas para reflexionarlas y, de vez en cuando, volviendo a leer las típicas páginas que vas pasando mientras piensas en la excursión del viernes o en lo guapo que iba Javier esta mañana. Hasta que llegué al final que, debo añadir, cambió la idea que tenía de Atenea (antes la admiraba, ahora le tengo respeto y un poco de miedo).
Yo pensaba que lo había comprendido todo, que mi análisis había sido satisfactorio y que eso se vería reflejado en la nota del control de lectura. Tal y como esperaba, saqué sobresaliente. Pero para mi sorpresa no hubo palabras de contento o aprobación por parte del profesor, las únicas palabras que pude saborear tras mi éxito fueron: "Cuando hayas crecido, y creas que estás preparada, vuelve a leer La Odisea, y léela una y otra vez, pues cada vez que lo hagas te resolverá dudas de tu vida que aun no tienes, porque no las entiendes".
Llegué a mi casa destrozada, pensando que mi esfuerzo no había valido la pena. Al dejar el instituto dejé de pensar en el profesor y en La Odisea por un tiempo, a veces me venía a la cabeza, pensaba en la posibilidad de que estuviese preparada por fin para descubrir todos los conocimientos que, según mi profesor, el libro me esperaba resolver. Pero no lo estaba, leía el primer capítulo y me transmitía exactamente lo mismo que la primera vez.
Hoy, organizando mi cuarto en profundidad (trabajo que me llevará unos días) me topé con La Odisea en una estantería formada por revistas usadas, libros del instituto y algunos álbumes de fotos. Lo cojo, me siento en la cama y lo abro por una página cualquiera, leo:
"Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino,
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino".
Me doy cuenta de que he crecido, estoy preparada, todo adquiere otro significado. Por fin he entendido lo que significa Ítaca, y espero que mi viaje hacia ella sea largo, sin prisas, lleno de experiencias y placer.

domingo, 27 de junio de 2010

Desmontando nuestras cuatro paredes.

Santuario.
Eso era lo que significaba para nosotros aquel espacio. Aquellos 16 metros cuadrados llenos de colores, Ches, confidencias y, de vez en cuando, pelusitas rodadoras.
Allí es donde nos conocimos. Pasaban las noches y nos íbamos abriendo al otro, al principio nos costaba mucho, pero con el tiempo comprendimos que era nuestra mejor terapia. ¿Quién necesita psicólogos, psiquiatras o estupefacientes, teniendo aquellas cuatro paredes?
Noche tras noche, nunca mañanas, ya te dije que no me gustaba. Tú conseguiste hasta cambiarme aquel "mal hábito" que arrastraba desde hacía años.
¿Y yo? Pensando rápido me vienen a la cabeza tres logros: tomate en tus pizzas llegando hasta los bordes (¡sin miedo a mancharte!), mucha música y, ampliando la famosa Teoría de las Tres Ces, mis seis Ces: cama, cabeza fría, cuerpo caliente, cariño, cosquillas y caricias.
Tuvimos un lugar perfecto, donde escondernos y no tener miedo, mirándonos directamente a los ojos, inventando allí nuestro pequeño nuevo universo.
Pasarán y pasarán los años, y mi memoria sufrirá los estragos del tiempo. Podré olvidar lo que hablábamos, incluso podría olvidar lo que hacíamos, pero jamás podré olvidar lo que me hacías sentir. Mi cama, tú, yo entre tus brazos: Santuario.

jueves, 27 de mayo de 2010

Cómo en una habitación tan pequeña, pueden perderse los vaqueros con tanta facilidad...

El principio del fin.

Y que no me lea quien me vaya a tomar por loca (ni quien no haya visto aun el final), pues tras 2 horas en coma la madrugada del lunes, fallecí a las 8 y media de la mañana, volviendo a la vida ayer al salir de clase, habiendo digerido por fin todo lo que había pasado.
Ahora soy seis años más vieja y seis años más sabia. Seis años que han sido definitivos, que han marcado un antes y un después en el mundo de las series de televisión y que han marcado una nueva manera de entenderlas, así como una nueva manera de relacionarse con internet y, por qué negarlo, me ha otorgado una nueva manera de entender la vida, o al menos una nueva manera de interpretarla.
Sabíamos desde el principio que habría opiniones para todos los gustos acerca del final que se nos anunciaba. No pocos se han sentido decepcionados con el final, y bastantes quedaron con un sabor agridulce, algo sobraba o algo faltaba. Pero amigos, créanme, que a mí me ha marcado.
Cuando acabé de verlo y vi las críticas por un momento pensé que era yo la equivocada, que algo había fallado y estúpida de mi no me había dado cuenta conmovida por la emoción. Pero paré, reflexioné, y comprobé que nada se había escapado de entre mis dedos. El último capítulo de Lost ha sido extraordinario y no tiene más vuelta de hoja, nadie nunca habría podido otorgar mejor final a esta mítica serie.
No deis importancia a las preguntas sin respuesta, la isla es especial, no hace falta nada más. Las teorías e interpretaciones acerca de dichas preguntas son lo bonito de la serie, no queráis ser tan racionales como lo era Jack en su principio, pues al final, contra todo pronóstico, lo racional queda en un segundo plano.
Un capítulo histórico, poético e impactante del que se seguirá hablando durante años y al que el tiempo pondrá en su lugar, estoy segura, al igual que el destino ha puesto en su lugar a nuestros perdidos, personas cuyas vidas mediocres dejaron atrás al llegar a la isla, lugar de salvación y donde son felices de alguna extraña manera. Juntos de nuevo, compartirán la eternidad con las personas más importantes de su vida.
Muerte, reencuentro y rayo de esperanza. The End.

lunes, 10 de mayo de 2010

Maldita sensación

Odio esa sensación. La odio y me pasa cada vez con más frecuencia.
Tengo hambre, mucha mucha hambre. Pero abro el frigorífico y no encuentro nada apetecible, salgo a la calle y no quiero nada de lo que veo, nada me llama especialmente la atención.
En realidad no sé lo que me apetece, no sé que quiero. Ni si quiera sé si lo que busco existe.
Pero luego caigo en la cuenta. Caigo en la cuenta de que lo que verdaderamente quiero es ver a esa persona que echo tanto de menos.
Hambrienta de ti.
Maldita sensación.

domingo, 9 de mayo de 2010

Solo de violín a la vida retirada

¡Qué bien vives! Me dicen algunos mientras toman unas cañas en el bar, ¡qué bien vives! Me dicen otros mientras compran, ¡qué bien vives! Me dicen los que van a trabajar…
“Qué bien vives”. Por las monedas sueltas que me dan, porque piensan que me gusta la vida fácil, porque ven que no hago nada más que estar ahí tirada en el suelo cuando debería estar estudiando para trabajar o trabajando para poder estudiar. Porque creen que mi vida consiste en esperar en la calle a que me echen monedas mientras toco cuatro notas desafinadas de violín. Dios, mi violín, mi única vía de escape de este mundo loco.

Como si ellos no vivieran bien.

Cierro los ojos, cojo el violín, lo acaricio, poso el arco sobre las cuerdas, suavemente. Odio, ira y rabia transformadas en melodía. Belleza hipócrita en la que nadie se fija, nadie consigue ver más allá.

O tal vez sí.

domingo, 2 de mayo de 2010

EL JUEGO DEL PAÑUELO

Empecemos por la única certeza de la que estoy plenamente segura y defenderé siempre: el burka es una clara sumisión de la mujer. El papel que la mujer tiene hoy día en el Islam está claro, su nulidad no ha cambiado. 
Arrastro desde hace ya tiempo un dilema moral, cultural, filosófico y antropológicode este asunto, y como estoy harta de arrastrar, lo voy a soltar: creo que no debería prohibirse el burka. No deberíamos prohibir un velo proveniente de una cultura distinta a la nuestra sólo porque vivan en nuestro país. ¿Acaso nos gustaría que ellos nos obligaran (que seguramente lo harían) a llevar velo? ¿Acaso nos gustaría que nos obligaran a hacer algo en contra de nuestras creencias y nuestra cultura? Y recalco obligar, porque la palabra es la clave.
Jugamos con ellos, jugamos con nosotros mismos. Inventamos leyes, nos gusta mandar a otros que ocupan nuestro territorio. Nos creemos progresistas y no somos más distintos que ellos, hacemos lo mismo: en la prohibición está la pálida muestra. Esto no es un juego, aquí no hay ganador ni perdedor, no hay normas, no hay fullería y no hay territorios.
Cuando un inmigrante para a formar parte de otra sociedad, para vivir en ella, tendrá que aceptar una serie de normas, pero también rechazará otras por no ser compatibles con sus creencias. Si el inmigrante siente que su propia cultura es mala, y se siente rechazado e incluso humillado por el país de acogida, cualquier acercamiento que haga a él lo sentirá como un alejamiento de su país de origen, y por lo tanto reaccionará mostrando signos de su diferencia. El choque de culturas en un mismo espacio es el problema que se nos plantea aquí, como siempre una se impone sobre la otra.
En realidad siempre que pienso en estas cosas todo me lleva a la misma base, que esto no es un problema educativo o religioso, sino una cuestión antropológica filosófica que te cagas, el ser humano al fin y al cabo es una tabula rasa y para él la cultura lo es todo. Nuestra cultura lo es todo para nosotros, su cultura es todo para ellos... estamos tan seguros de que llevamos la razón como lo están ellos.
Si queremos ser de verdad progresistas no podemos seguir imponiendo lo nuestro a la fuerza. Aquí hay que ser más listos e ir por el paso de la educación y la igualdad. Existe una naturaleza humana, no sabemos exactamente cómo es, pero intuimos que conforme a ella las diferencias biológicas entre hombres y mujeres no justifican recorte alguno en los derechos fundamentales de la mujer. Y esto, dejando a un lado la cultura, debería ser mundialmente reconocido, siempre a través de la palabra y no de la fuerza.
Como he dicho estoy en un dilema y abierta a otras propuestas. Pero que no sigan comparándome el burka con la gorra, por favor.

miércoles, 21 de abril de 2010

Nueva etapa

Algo va a cambiar. No todo, tal vez casi todo, tal vez casi nada, pero al menos algo sí, o "algos".
Esta mañana recibí la noticia del cambio, de que un acontecimiento estaba a punto de suceder y que, sin dejarme si quiera a reaccionar, actuar y detener, ese acontecimiento hará que nada vuelva a ser como antes.
La vida que tenía construida se desmoronará para volver a resurgir de sus ruinas con otra forma, otro color y otro nombre. Y ya nunca más sentiré lo mismo, pero sentiré cosas que jamás sentí.
El cambio se va a realizar, no hay manera de evitarlo. No se trata de un cambio por propia voluntad, estoy obligada al cambio por decisión de terceras personas. Es lo que se llama daños colaterales.
Pero voy a cambiar la palabra daño por cambio: cambio colateral.
Aquí es cuando me percato de que no soy la única que decide qué camino tomar. Un camino nunca es perfecto, a veces no te percatas de las arenas movedizas y tienes que sacar todas tus fuerzas para salir de ahí sana y salva, a veces hay desviaciones, rejas de alambre que te hacen retroceder o cambiar de dirección, y otras veces los edificios son tan altos que no dejan ver más allá y tienes que tomar una nueva dirección a ciegas, sin saber dónde te llevará.
Al menos aun no me he encontrado con ninguna mina.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Ya era hora.

Desde un primer momento pensé que el tema principal del blog sería mi ser, estar y existir, mi vida. De ahí el nombre Fullera en esencia, quería que leyeseis mi esencia, queria convertirme en un susurro al oído y dejaros profundizar en mi hasta el punto de erizar vuestra piel...
Pero hasta ahora no lo he conseguido, me voy por las ramas, hablo de todo menos de lo que tenía intención de hablar, bajo la guardia y me olvido de mi. 
¿Sabeis? creo que hoy es el día de empezar a hablar. Y ya era hora.
Entre las 12 y las 4 me he dado cuenta de que la gente no me conoce. Dejando a un lado a las personas con las que hablo menos que con mi tortuga (bastante poco a partir de mi 12ºcumpleaños) que lo más profundo que habré compartido con ellas es un eructo, bueno no quiero ser tan cruel, entendamos eructo por tararear una canción...dejando a un lado eso, quiero centrarme en mis amigos.
No soy de esas personas que llaman  mejor amigo a su perro (entiéndase aquí tortuga) o de las que cuentan como amigos sus 436 contactos de Tuenti. Mi técnica es sencilla: ¿Confianza? si mi respuesta es sí, somos amigos.
Sé que no soy fácil de conocer, me gusta más escuchar que hablar a la hora de expresar mis sentimientos y no soy propensa contar mi vida y mis problemas, pero llevamos años siendo amigos -según mi técnica- y aun no me conoces. Que después de todo este tiempo te quedes solo en lo superficial me provoca rabia, mucha rabia, pero aun más tristeza. 
No soy lo que crees que soy. Eres amigo de una desconocida.                                                       

jueves, 11 de marzo de 2010

Un monosílado trotando entre líneas

¡Epa! Perdonen que no me detenga en saludarles como es debido, pero es que nosotros, los monos-sílabos, somos animales tremendamente ocupados, siempre correteando de aquí para allá, ¿saben?
Hay infinidad de palabras que nos necesitan y nosotros somos relativamente pocos para tanta demanda. Ahora mismo vengo de la sección de sucesos de un periódico en donde, con ayuda de otros congéneres, formaba la palabra "es-ca-lo-fri-an-te", pero ya estoy de nuevo en marcha, en dirección a una novela, "fri-tan-ga".
¡Ains..!cómo envidio a aquellos de mi especie que se valen por sí mismos y pueden sacarse las pulgas en mitad de una frase...

POLÍTICOS GIRANDO ALREDEDOR DE UNA PARTÍCULA DE PODER

Aislada y desarrollada por el instituto tecnológico EFE (de fullera), gracias a este experimento se han podido esclarecer algunos de los aspectos más enigmáticos del comportamiento de estos individuos, como el denominado "efecto polilla en torno al farolillo del porche".

viernes, 12 de febrero de 2010

La llamada de lo salvaje


¡Oh, cariño! Fíjate qué bosques, qué lagos, qué cielo tan despejado gracias a que los residuos que genera nuestro elevado nivel de vida contamina otros países más pobres sometidos por nuestro despliegue militar ¡Qué reconstituyente para el hombre honrado el poder, así de fácil, coger el coche y todas nuestras cosas y perderse un fin de semana en la naturaleza mientras el resto del mundo se destruye y se destruye fabricando más y más trastos que cargar en la caravana… ¡Qué gran civilización la nuestra si evitamos leer la letra pequeña! Claro, hijo de puta…

martes, 9 de febrero de 2010