domingo, 22 de diciembre de 2013

Lakme.

En uno de mis paseos por la ciudad, que cada día realizaba para huir de la realidad tormentosa y sumirme en una batalla constante sobre mi existencia, escuché un violín emitiendo sonidos agradables desde una pequeña casa. La vivienda se situaba en los límites de la ciudad, donde yo siempre daba la vuelta para volver a mi encierro.
Por aquellos tiempos la soledad me fascinaba, tal que ahora. Era algo deseado pero mal visto por la sociedad y las personas que me rodeaban. Sin embargo logré conquistarla, hacerla mía y vivirla de forma útil.
Intentar huir de la frialdad y la quietud se me hizo imposible, dejé que me atraparan y me adentraran a un mundo prohibido. Encontré en este aislamiento mi refugio perfecto, me sentía protegida contra el horrendo espectáculo de la vida mundana.
Entonces oí ese violín. Esas notas que me escuchaban y comprendían, que me contestaban todas las dudas existenciales. Y ya no quise estar nunca más sola.