Acaba mi primera semana viviendo al otro lado del mundo. Sigue siendo todo tan irreal, tan mágico y tan extraño... Amo viajar, amo conocer, aprender, vivir, amo todo lo que estoy haciendo, siento que cada día que paso aquí aprendo algo nuevo, estoy aprovechando al máximo esta experiencia y la exprimo todo lo que puedo y más. La gente, los lugares, los olores, colores y sabores, también los sonidos... Todo aquí es mágico.
Los 3 grados de mínima y 11 de máxima no van a hacer que nos quedemos en casa, que tampoco está nada mal. Vamos a comernos el mundo, o por lo menos el otro lado de él, para que cuando vuelva a mi lado ya solo tenga que chuparme los dedos. La experiencia y la madurez vienen pegando fuerte a una niña que hace una semana no sabía coser un botón. La aventura continúa.
sábado, 20 de agosto de 2011
miércoles, 13 de julio de 2011
martes, 12 de julio de 2011
Hasta el infinito y más allá
Hoy se va una gran parte de mi. Volverá, me lo ha prometido, tiene que cumplir con su palabra. Porque nuestras promesas valen más que cualquier otra, son las promesas de dos personas que llevan juntas toda la vida.
Pienso que intento darle fuerza a la promesa por miedo al no retorno, a esos días de alegría plena, llenos de risas, complicidad, amor. Amor... Durante cinco meses aprenderé que se sufre también por amor a una amistad grande. Entonces, pensando esto, me entra el miedo, no quiero sufrir... Y cuando llego a este punto paro y cambio. Es como si mi cabeza le dijera al corazón, "¿quieres dejar de ser dramático? Van a ser cinco meses estupendos, van a ser pura aventura, lo que siempre habéis querido ambas, esta experiencia os va a hacer vivir". Lo sé, pero hay tantísimas cosas que echaré de menos... Esas risas por tonterías como las de ayer, por ejemplo, ¿con quién las voy a tener mejor que con mis dos alfas? ó ¿quién va a entender mis exageraciones descomunales mejor que ellas?
Nos vemos poco, pero cuando nos vemos siempre son encuentros memorables. Ayer me quedé parada de camino a mi casa, a punto de volver a la de mi vida que se va, pero con toda la impotencia del mundo me fui: hoy hay que hacer cosas, cosas importantes, y debía levantarme muy temprano. Seguí andando y pensando en todas aquellas noches que recuerdo en su casa, o ella en la mía, no voy a olvidarlas nunca. Por eso tengo miedo del no retorno, tiene que volver, tenemos que volver a dormir juntas, como antes, como siempre. Tenemos que volver a ser una. Así que vuelve, y no me hagas ir a por ti.
Pienso que intento darle fuerza a la promesa por miedo al no retorno, a esos días de alegría plena, llenos de risas, complicidad, amor. Amor... Durante cinco meses aprenderé que se sufre también por amor a una amistad grande. Entonces, pensando esto, me entra el miedo, no quiero sufrir... Y cuando llego a este punto paro y cambio. Es como si mi cabeza le dijera al corazón, "¿quieres dejar de ser dramático? Van a ser cinco meses estupendos, van a ser pura aventura, lo que siempre habéis querido ambas, esta experiencia os va a hacer vivir". Lo sé, pero hay tantísimas cosas que echaré de menos... Esas risas por tonterías como las de ayer, por ejemplo, ¿con quién las voy a tener mejor que con mis dos alfas? ó ¿quién va a entender mis exageraciones descomunales mejor que ellas?
Nos vemos poco, pero cuando nos vemos siempre son encuentros memorables. Ayer me quedé parada de camino a mi casa, a punto de volver a la de mi vida que se va, pero con toda la impotencia del mundo me fui: hoy hay que hacer cosas, cosas importantes, y debía levantarme muy temprano. Seguí andando y pensando en todas aquellas noches que recuerdo en su casa, o ella en la mía, no voy a olvidarlas nunca. Por eso tengo miedo del no retorno, tiene que volver, tenemos que volver a dormir juntas, como antes, como siempre. Tenemos que volver a ser una. Así que vuelve, y no me hagas ir a por ti.
viernes, 8 de julio de 2011
Las tardes
Le doy un trago más a la botella. Esta vez abro tanto la boca que derramo algunas gotas en mi ropa. Llevo toda la tarde sentada en el mismo sitio, sin moverme ni un ápice, sólo cambiando el cruce de piernas cuando una se cansa de soportar a la otra. Las vistas del puente romano son más bonitas que nunca, o es que nunca me he fijado tanto como hoy. Pienso en traer a esa persona pronto para que comparta este paisaje conmigo, pero rechazo la idea rápidamente: esa persona ya no está, y puede que ya no esté nunca más. Quiero decir, esa persona sigue existiendo para ella misma y para el resto de personas que la rodean, pero no para mí. Hace meses que no la reconozco y hoy una llamada telefónica la ha convertido en completa desconocida. Desde el momento en el que colgó el teléfono he permanecido en estado de shock: el mismo lugar, la misma postura, la mirada fija en un punto, el teléfono emitiendo el sonido de línea cortada en mi mano y oreja derechas. Finalmente decido apartar el aparato de mí y dedicarme únicamente a escudriñar cada detalle del paisaje, examinándolo con detenida atención, centrando toda mi energía en el sentido de la vista y no dejando espacio a nada más. Pero es imposible dejar de pensar cuando tienes vistas a un paisaje. Sólo los primeros 30 segundos, como máximo, los empleas plenamente en él. El resto del tiempo que permanezcas mirándolo será para pensar en aquello que te reconcome, que te molesta, pero que no consigues sacar de ti. Pensar en aquella persona que se fue y que puede que no vuelva nunca más. Y así pasan las tardes de esta semana de verano, conmigo sentada en lo alto de un muro de piedra, mirando a la nada, con un cielo lleno de mini-batman que revolotean sobre las cabezas de los demás.
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