sábado, 4 de diciembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
Niño perdido
Me perdí. No sé dónde, en qué momento, ni por qué, pero me perdí. Y nadie me encuentra. Mi alma empieza a acumular intentos por encontrarse, por volver a lo que fue, si es que en algún momento fue, porque tampoco estoy segura de eso, a lo mejor esto es solo una especie de evolución de uno mismo, un cambio, ¿un bache se dice?
Empieza a pesar esta sensanción, más los días de lluvia, más cuando los días se hacen cada vez más cortos y las noches eternas, más cuando estás a pocos días de cumplir años, cuando te das cuenta mejor que nunca que el tiempo está pasando, y que no pasa solo para los demás, también te está pasando a ti, en tu propia piel.
Mucha gente, mucha mucha gente, rodeada de gente, e invisible. Invisible para mi misma. ¿Lo entiendes? No es esa sensación de soledad común que uno puede sentir cuando siente que los demás lo aislan, es el propio aislamiento. Aquí tu cuerpo se divide en dos, una mitad quiere volver ansiosamente a la ciudad, hace todo lo posible para lograrlo, pero la otra mitad quiere quedarse en la isla para siempre, desaparecer allí y no volver jamás... ¿Qué mitad ganará esta pelea? Aquella que yo alimente.
Empieza a pesar esta sensanción, más los días de lluvia, más cuando los días se hacen cada vez más cortos y las noches eternas, más cuando estás a pocos días de cumplir años, cuando te das cuenta mejor que nunca que el tiempo está pasando, y que no pasa solo para los demás, también te está pasando a ti, en tu propia piel.
Mucha gente, mucha mucha gente, rodeada de gente, e invisible. Invisible para mi misma. ¿Lo entiendes? No es esa sensación de soledad común que uno puede sentir cuando siente que los demás lo aislan, es el propio aislamiento. Aquí tu cuerpo se divide en dos, una mitad quiere volver ansiosamente a la ciudad, hace todo lo posible para lograrlo, pero la otra mitad quiere quedarse en la isla para siempre, desaparecer allí y no volver jamás... ¿Qué mitad ganará esta pelea? Aquella que yo alimente.
sábado, 6 de noviembre de 2010
domingo, 24 de octubre de 2010
Como las serpientes
A nuestra manera, cambiamos de piel. Como hacen las serpientes. Estamos entrenados para arreglar lo que está descompuesto. Un fallo, un descuido, una arruga. Un límite es un símbolo de debilidad frente a los demás. Debemos estar preparados y hacer todo lo posible para evitarlo.
Los huesos se rompen, los órganos se desgastan, la carne se desgarra. Nosotros podemos coser la carne, reparar el daño, cambiar de piel.
Soy una roca. Soy una isla. Ese es el lema de las personas que quieren aferrarse a su piel y la quieren mantener para siempre, sin cambiarla. Pero por mucho empeño que le pongamos, la piel no es eterna, hay que renovarla, para bien o para mal. La vida es larga.
Muchas veces el cambio no se nota, los demás no lo ven, no lo sienten. Pero nosotros sí. Cambiamos, consciente o inconscientemente y, cuando lo hacemos, lo sentimos en lo más profundo de nuestro ser. Y así lo sentiremos, hasta que volvamos a mudar la piel. Como hacen las serpientes.
Los huesos se rompen, los órganos se desgastan, la carne se desgarra. Nosotros podemos coser la carne, reparar el daño, cambiar de piel.
Soy una roca. Soy una isla. Ese es el lema de las personas que quieren aferrarse a su piel y la quieren mantener para siempre, sin cambiarla. Pero por mucho empeño que le pongamos, la piel no es eterna, hay que renovarla, para bien o para mal. La vida es larga.
Muchas veces el cambio no se nota, los demás no lo ven, no lo sienten. Pero nosotros sí. Cambiamos, consciente o inconscientemente y, cuando lo hacemos, lo sentimos en lo más profundo de nuestro ser. Y así lo sentiremos, hasta que volvamos a mudar la piel. Como hacen las serpientes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

