lunes, 15 de enero de 2018

Fuimos invierno.

Mojé mis dedos en lo profundo de la nieve que cubría el mármol. Hundí la mano hasta que mis muñecas quedaron atrapadas por el hielo. 

Y ahí morí, clavada en el frío. Nunca llegué a tocar tierra.

Tardé años en morir, fue todo algo agónico. No hubo manera de revertir la situación en ningún momento, el viaje hacia el gélido infierno era sólo de ida. Lo supe nada más tocarte. Éramos los elegidos. Sabíamos que aquel sueño fallecería en nuestros brazos y nosotros no podríamos hacer nada por impedirlo. El fuego y la vida nos mandó al invierno.

Nacimos para ser asesinados por el sol. 


martes, 19 de diciembre de 2017

Vuelvo a arder.

Puedo describir de mil formas preciosas lo que siente una persona cuando vuelve a abrir el pozo de su propia demolición y se lanza al vacío. 
La autodestrucción es, sin duda, la perfecta pacificadora de almas.
Ha de ser buscada, ha de ser añorada durante un tiempo y anhelada antes de dar el paso hacia una nueva oscuridad. Esa que se fabrica y se alimenta y crece sin descanso mientras la ignoras. 
Esperar la señal para saltar es lo más insustancial que he hecho en mi vida. Lo juro. No volveré a esperar nada nunca más. Lo oscuro también merece ser encontrado.
Reconozco que el hielo hizo bien su trabajo. Siempre fue bueno el frío para no sentir las heridas. Ahora arden y por fin las siento, ya son cicatrices, pero volveré a abrirlas a fuego. Falta aprender la lección.

Demasiada oscuridad y nunca suficiente. Quiero más espesor, más penumbra, más fuego. La noche más negra.

Y empezaremos a hacer arte. Tú y yo juntos de nuevo. Aunque sea para odiarte con todo el amor de mi corazón.

lunes, 15 de febrero de 2016

Viaje al vacío.

De pronto dejó de importarme. Los días comenzaron a ir, ni bien ni mal, solo a ir, solo respirando. Empecé a sonreír a los que quisieron derribarme y a ser buena con los equivocados.
A ti te ignoré hasta convertirte en un desconocido con recuerdos en común que pronto se tornaron olvidos forzados. Te obligué a irte.
Los momentos del pasado se sucedieron uno tras otro hasta convertirse en polvo, la nada inundó mi cuerpo y mi mente y durante meses dejé de ser. No existí, para el resto seguía ahí, solo los que se esforzaron vieron cómo desaparecí del mundo.
Pelearon, hicieron lo imposible para hacerme reir, y lo consiguieron. Pero no fueron capaces de mantener la sonrisa, reservada para quien nunca me desnudó hasta las entrañas.
Creé un nuevo final dominado por el frío. Y me quedé ahí, con los ojos cerrados pensando en ese lugar, en ese momento, esperando a que llegara.


domingo, 14 de febrero de 2016

El hombre azul.

Día uno. Tus ojos.
Día dos. Tu voz.
Día tres. Me dejo perder. Por ti.
Día 20. Con diferentes gustos y diferentes odios, encontramos un recoveco de coincidencias tan hermosas que superaban cualquier disparidad.
Día 47. Comenzamos a ser, y lo fuimos juntos. En ocasiones disparatados, a veces estúpidamente felices y otras veces extraños deprimentes.
Día 63. Aprendimos a reír de nuestras pequeñas desgracias, hasta el punto de provocarlas.
Día 109. Una grieta en mi pecho que escuece, hierve mi sangre y me hace rabiar. El dolor me ahoga, apenas lleno de aire mis pulmones, el cuerpo se convulsiona con cada bocanada que intento conservar en mi interior.
Día 315. De nuevo me ha sorprendido y ha aparecido sin avisar. Nunca se fue, sólo estuvo callado por un tiempo, nada más. Otra vez aquí.
Día 316. Mis pies penden en el aire y se agitan, sin nadie que los baje a la tierra. Y cuando creí haber tocado el cielo, se desnudó frente a mi, mostrándome, aquí en la tierra, su divino universo.

Dame una excusa. Sácame el monstruo.
Hazme volver a perderme.
¿Qué importa todo y todos si lo que nos espera es mágico? Así que hazlo, cobarde, hazlo de una vez.