viernes, 9 de marzo de 2018

Herida transitoria.

Las cosas muy bien, no van. Lo sé porque empatizo con personas que han pasado por crisis existenciales, porque engullo las neurosis de Kafka y porque me harto de John Coltrane por las noches. Y con eso lleno mi alma, a base de tinta negra, tragedia y luna. 

No me enseñaron a seguir una orden sin cuestionarla primero, no me inculcaron la jerarquía ni me dictaron las normas del juego. Crecer fuera del tablero es crecer feliz, es crecer libre. Pero la invulnerabilidad no dura para siempre, obviar las instrucciones es arriesgado. Y sin preparación ni advertencia, la hostia del método impuesto duele más.

Pero ningún régimen es infalible, y quien roza mi cara atraído por la idea de controlar al animal cae derrotado nada más rozarme con la yema de sus dedos. Porque nuestra especie no tiembla, porque crecimos fuertes, ajenos al miedo, cuestionando la verdad desde sus cimientos hasta hoy.

Las cosas bien, no van. Pero cambiarán. Y meteré al escarabajo en ese maldito tren azul.

lunes, 15 de enero de 2018

Fuimos invierno.

Mojé mis dedos en lo profundo de la nieve que cubría el mármol. Hundí la mano hasta que mis muñecas quedaron atrapadas por el hielo. 

Y ahí morí, clavada en el frío. Nunca llegué a tocar tierra.

Tardé años en morir, fue todo algo agónico. No hubo manera de revertir la situación en ningún momento, el viaje hacia el gélido infierno era sólo de ida. Lo supe nada más tocarte. Éramos los elegidos. Sabíamos que aquel sueño fallecería en nuestros brazos y nosotros no podríamos hacer nada por impedirlo. El fuego y la vida nos mandó al invierno.

Nacimos para ser asesinados por el sol. 


martes, 19 de diciembre de 2017

Vuelvo a arder.

Puedo describir de mil formas preciosas lo que siente una persona cuando vuelve a abrir el pozo de su propia demolición y se lanza al vacío. 
La autodestrucción es, sin duda, la perfecta pacificadora de almas.
Ha de ser buscada, ha de ser añorada durante un tiempo y anhelada antes de dar el paso hacia una nueva oscuridad. Esa que se fabrica y se alimenta y crece sin descanso mientras la ignoras. 
Esperar la señal para saltar es lo más insustancial que he hecho en mi vida. Lo juro. No volveré a esperar nada nunca más. Lo oscuro también merece ser encontrado.
Reconozco que el hielo hizo bien su trabajo. Siempre fue bueno el frío para no sentir las heridas. Ahora arden y por fin las siento, ya son cicatrices, pero volveré a abrirlas a fuego. Falta aprender la lección.

Demasiada oscuridad y nunca suficiente. Quiero más espesor, más penumbra, más fuego. La noche más negra.

Y empezaremos a hacer arte. Tú y yo juntos de nuevo. Aunque sea para odiarte con todo el amor de mi corazón.

lunes, 15 de febrero de 2016

Viaje al vacío.

De pronto dejó de importarme. Los días comenzaron a ir, ni bien ni mal, solo a ir, solo respirando. Empecé a sonreír a los que quisieron derribarme y a ser buena con los equivocados.
A ti te ignoré hasta convertirte en un desconocido con recuerdos en común que pronto se tornaron olvidos forzados. Te obligué a irte.
Los momentos del pasado se sucedieron uno tras otro hasta convertirse en polvo, la nada inundó mi cuerpo y mi mente y durante meses dejé de ser. No existí, para el resto seguía ahí, solo los que se esforzaron vieron cómo desaparecí del mundo.
Pelearon, hicieron lo imposible para hacerme reir, y lo consiguieron. Pero no fueron capaces de mantener la sonrisa, reservada para quien nunca me desnudó hasta las entrañas.
Creé un nuevo final dominado por el frío. Y me quedé ahí, con los ojos cerrados pensando en ese lugar, en ese momento, esperando a que llegara.