lunes, 22 de junio de 2015

Aquella tarde llovió.

Ayer lo vi. Iba sereno, sin prisas. Era un día en que sabía que me lo podía encontrar, porque anduve por un lugar nuevo, distinto a los de siempre. Y cuando vas por sitios nuevos encuentras a gente nueva. Claro. 
A través de mi estúpida miopía pude atisbar a varios metros su rostro, su complexión casi perfecta, ese andar tan singular. Como una idiota me quedé observándolo, mientras él cada vez más cerca, más nítido, seguía sin cambiar el gesto, como si no me hubiese visto aún. En algún instante de aquel momento él me miró y encontró mis ojos, contemplándolo. 
Entonces tuvo lugar lo que popularmente es conocido como incómodas coincidencias. Un breve espacio en el que una situación comprometida te obliga a seguir un protocolo de actuación estipulado en sociedad: ser amable unos segundos e intercambiar una serie de microcomentarios banales para luego continuar tu camino. Y así, el carácter superficialmente placentero del momento se tornó, segundos después, doloroso.
Mientras yo seguía ahí, él ya se había ido.

domingo, 21 de junio de 2015

Saca el Vodka.

Saca el Vodka. Coge todas las partes de ti mismo que te desagradan y te hacen imperfecto: tus malos hábitos, tus miedos, tus obsesiones, tus sucios vicios. Únelos. 
Así se construye un monstruo. 
Luego coge una caja de cerillas, haz reptar a esa criatura por el pasillo de casa y, mirándolo a los ojos, quémalo. Vista al frente, sin piedad. Pensando que tras la destrucción de tu monstruo te espera la pureza, tu 'yo' en esencia. Lo que eres, no lo que han construido en torno a ti. 
Olvida lo que fuiste. Y vive.


miércoles, 27 de mayo de 2015

Sufre Venus.

Una copa. Dos copas. Tres.
Un baile. Una risa. Un hombre que se acerca. Un hombre que me besa, y al que yo devuelvo el beso. Vuelta a las grandes aventuras sin pies ni cabeza, a la irracionalidad, al descontrol. Vuelvo a lo que a todos les gusta ver, escuchar y comentar. Vuelvo a la inestabilidad.


jueves, 7 de mayo de 2015

La cosa rara. Tercera vez.

El sueño siempre es el punto de comienzo de una historia que no casa con la realidad de uno, pero que está en el subconsciente deseoso de cumplirse y convertirse en la mejor de las verdades.
Por ello, discúlpame por la escasa originalidad de este escrito, pero si no empezara con un "hoy soñé contigo", mi onírica realidad perdería todo el sentido.

09:26.
Pocas veces se recuerdan sueños con tantos detalles. Pocas veces se conservan en la mente tantos recovecos de un lugar, tanto recuerdo de su delicadeza. Pasan las horas, y todo sigue ahí, inamovible.

12:03.
Comienza a ser absurdo. Quiero borrarlo todo. Borrarte a ti. Me estoy riendo desde minutos después de despertar. Llevo casi tres horas así. No pienso darle mayor importancia ni mayor tiempo mental a un encuentro onírico que no se cumplirá jamás.

16:54.
Fue mágico sentirte tan cerca, rodeada entera de ti. Tus hombros. Tus brazos. Tu pecho. Tú. Incluso en el sueño, la realidad se mostraba frente a nosotros, pero no lograba alcanzarnos. Adaptamos la verdad a nuestro convenir, jugamos con ella, la inventamos y moldeamos para conseguir estar juntos unos minutos más. Fue imposible perturbar el encuentro de dos almas que chocan, pero que en aquel mundo funcionaban juntas, como una sola.

Ningún detalle de lo que ocurrió allí se borró de mi mente. Desde entonces tengo días en los que me cuesta atender a la realidad. No me arrepiento de nada, no existe el destino, la determinación ni las piedras en el camino. Simplemente la vida, las cosas, fluyen.

Sigo con mi vida. Hasta que consigas volver.