domingo, 27 de junio de 2010

Desmontando nuestras cuatro paredes.

Santuario.
Eso era lo que significaba para nosotros aquel espacio. Aquellos 16 metros cuadrados llenos de colores, Ches, confidencias y, de vez en cuando, pelusitas rodadoras.
Allí es donde nos conocimos. Pasaban las noches y nos íbamos abriendo al otro, al principio nos costaba mucho, pero con el tiempo comprendimos que era nuestra mejor terapia. ¿Quién necesita psicólogos, psiquiatras o estupefacientes, teniendo aquellas cuatro paredes?
Noche tras noche, nunca mañanas, ya te dije que no me gustaba. Tú conseguiste hasta cambiarme aquel "mal hábito" que arrastraba desde hacía años.
¿Y yo? Pensando rápido me vienen a la cabeza tres logros: tomate en tus pizzas llegando hasta los bordes (¡sin miedo a mancharte!), mucha música y, ampliando la famosa Teoría de las Tres Ces, mis seis Ces: cama, cabeza fría, cuerpo caliente, cariño, cosquillas y caricias.
Tuvimos un lugar perfecto, donde escondernos y no tener miedo, mirándonos directamente a los ojos, inventando allí nuestro pequeño nuevo universo.
Pasarán y pasarán los años, y mi memoria sufrirá los estragos del tiempo. Podré olvidar lo que hablábamos, incluso podría olvidar lo que hacíamos, pero jamás podré olvidar lo que me hacías sentir. Mi cama, tú, yo entre tus brazos: Santuario.

jueves, 27 de mayo de 2010

Cómo en una habitación tan pequeña, pueden perderse los vaqueros con tanta facilidad...

El principio del fin.

Y que no me lea quien me vaya a tomar por loca (ni quien no haya visto aun el final), pues tras 2 horas en coma la madrugada del lunes, fallecí a las 8 y media de la mañana, volviendo a la vida ayer al salir de clase, habiendo digerido por fin todo lo que había pasado.
Ahora soy seis años más vieja y seis años más sabia. Seis años que han sido definitivos, que han marcado un antes y un después en el mundo de las series de televisión y que han marcado una nueva manera de entenderlas, así como una nueva manera de relacionarse con internet y, por qué negarlo, me ha otorgado una nueva manera de entender la vida, o al menos una nueva manera de interpretarla.
Sabíamos desde el principio que habría opiniones para todos los gustos acerca del final que se nos anunciaba. No pocos se han sentido decepcionados con el final, y bastantes quedaron con un sabor agridulce, algo sobraba o algo faltaba. Pero amigos, créanme, que a mí me ha marcado.
Cuando acabé de verlo y vi las críticas por un momento pensé que era yo la equivocada, que algo había fallado y estúpida de mi no me había dado cuenta conmovida por la emoción. Pero paré, reflexioné, y comprobé que nada se había escapado de entre mis dedos. El último capítulo de Lost ha sido extraordinario y no tiene más vuelta de hoja, nadie nunca habría podido otorgar mejor final a esta mítica serie.
No deis importancia a las preguntas sin respuesta, la isla es especial, no hace falta nada más. Las teorías e interpretaciones acerca de dichas preguntas son lo bonito de la serie, no queráis ser tan racionales como lo era Jack en su principio, pues al final, contra todo pronóstico, lo racional queda en un segundo plano.
Un capítulo histórico, poético e impactante del que se seguirá hablando durante años y al que el tiempo pondrá en su lugar, estoy segura, al igual que el destino ha puesto en su lugar a nuestros perdidos, personas cuyas vidas mediocres dejaron atrás al llegar a la isla, lugar de salvación y donde son felices de alguna extraña manera. Juntos de nuevo, compartirán la eternidad con las personas más importantes de su vida.
Muerte, reencuentro y rayo de esperanza. The End.