martes, 5 de febrero de 2013

Evasión

Una bocanada de humo denso salió de sus labios. 
La más bella de todas, la intocable. 
La humareda se escapó entre sus dedos y el aire de invierno hizo que llegara a mi, en forma de nube blanca. Solo ella era capaz de convertir el veneno en pureza. Respiré hondo ese humo, consciente de que sería lo último que me llevaría de ella. Los dos esperábamos en silencio la llegada del tren, ella volvía a su ciudad, yo solo estaba allí para verla marchar. Fue entonces cuando volví la vista atrás, cinco años antes de este ahora, cuando la acompañé por primera vez a la estación.
La llegada del tren levantó su falda, que se movía libre al ritmo del viento. Ella deslizó su mano para sujetarla. La admiré por unos segundos, observando cada movimiento. Hermosa inocencia. La envolví en un profundo beso segundos antes de que el tren partiera, el mismo tren que me la traería tres días después, devolviéndome el equilibrio.
Esta vez su marcha escapaba a mi control, si hubiese querido retenerla no habría podido. Era inevitable. Y, si hubiese tenido esa oportunidad, ni si quiera sé si la pararía. La retención iba contra su naturaleza, si la encerraba conmigo acabaría rebelándose tarde o temprano, reclamando más independencia que nunca. Necesitaba ser libre o de lo contrario moriría, moriría por dentro como estaba muriendo ahora. Era algo que nadie alcanzaba a comprender, solo yo. Era el único privilegio, la única maldición que me hacía sentirme más cerca de ella que el resto de los mortales. Aunque por fuera siguiera hechizando a los que la rodeaban, inconsciente ella misma de su magnetismo, por dentro era un grito encerrado, frío, que no tardaría en estallar.
Y no quería estar ahí cuando eso sucediera.
Llegó el tren. El viento no pudo contra sus pantalones y su pelo recogido. Nada mágico sucedió esta vez. Frío y breve fue su beso. La despedida más glacial.
Y se fue. Ya está, ya hay paz.

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Quién eres?
Depende. Depende de si eres tú el que me mira o si soy yo. Depende de si estamos solos o rodeados de gente. Aunque la realidad es que soy un lobo, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva.


¿A dónde vas?
A donde me lleven dedo índice y corazón. Corren tan deprisa cuando los dejo libres por el suelo, las paredes, las mesas, el aire... Corren tanto que incluso adelantan a mis pies y mis pensamientos. Mis manos son las que guían mis pasos.

domingo, 28 de octubre de 2012

Espera un momentito

Espera, espera un momentito y escúchame describir la muerte.
Verás, resulta que algún día, puede que muy pronto, una de mis vidas intente matarme.
Y lo logrará.
Y entonces yo andaré solita por allí por la muerte. Sentiré angustia, sentiré miedo, sentiré muchas cosas. Pero llegará un día en el que empiece a sentir indiferencia, y al final lograré comprender que la muerte nunca mata del todo, pues sin muerte no hay nacimiento.
Lo que pase a partir de ahí ya no te lo puedo contar. Magia. Misterio. Resurrección.

viernes, 26 de octubre de 2012

El principio del fin

No pude ver salir tu avión, quizás por eso nunca llegaré a creerlo. Ultimamente paso los días diciendo a la gente que estoy encantada de haberte visitado en tu nueva ciudad. Supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas y, además de hacérselas creer al resto, creérselas uno mismo.

Pero pasa el día, empieza a anochecer, empiezo a quedarme sola. Antes estabas tan cerca...

Me duele al respirar desde hace un tiempo. Se me hunde el dolor en el costado, soy yo intentando salir de ahí. Quiero controlarlo pero no puedo, cada noche se me vacían las entrañas y me escapo de mi cuerpo para deslizarme hacia la agonía.

Vuelvo a controlarme, vuelvo en mi. Pero solo por un momento, apenas me quedan fuerzas y de nuevo empiezo. Tengo sed y estoy tragando, tengo frío si me abrazan, inhalo aire y no respiro. Quiero irme lejos de aquí, llévame, déjame, ayúdame.