sábado, 26 de febrero de 2011

Lux

Acaba otro día de rutina alternativa. He intentado mantenerme ocupada todo el día, y lo he logrado. Ningún pensamiento no deseado ha abrumado mi cabeza. Agotada y feliz por mi triunfo, me acuesto en la cama, apago la luz de la seta naranja que alumbra mi mesita y cierro los ojos. Comienzo a ver.
Lo que en un principio era nada se convierte en manchas, luego en formas, en colores... Luego en historia.
Una fuente de luz muy fuerte viene hacia mí, ahora todo es visible. Estás tú, y a lo lejos aparezco yo. Lo recuerdo sin esfuerzo. Dos figuras hiladas nos representan. Juegan a ser humanas. Se enlazan y bailan juntas, se resbalan, deshacen y vuelven a hacerse juntas. Viven.
Pero una tira de la otra fuera de mi campo de visión, de forma muy enérgica. Mientras la otra intenta resistirse suavemente, zarandeándose de la manera más dulce jamás imaginada. Me quieres llevar, pero me resisto. Entonces me desenredas, y te separas de mí. Se hunde un dolor punzante en mi costado.
No sé que acabó sucediendo, sólo sé que al despertar sentí dentro dardos. Y nada más.

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