La loba esteparia

miércoles, 5 de enero de 2011

Anoche

No vivo desde el día 2 de enero. Mi cuerpo no responde bien. No sé ni sabré lo que me pasa, porque no pienso pisar el médico salvo que sea estrictamente necesario, malas experiencias con ellos.
No duermo desde el día 2 de enero. Mi cuerpo no responde bien, ni al día ni a la noche. Despierto en mitad de la oscuridad, sobresaltada, sudando, con la mirada ida. No puedo volver a dormir. Bajo las escaleras, abro el primer cajón de la cómoda y agarro la caja de ibuprofeno con fuerza, como si ya con ese gesto se lograran eliminar todas estas horribles sensaciones. Tomo uno, con la mano temblorosa agarro el vaso y bebo el agua. Un hilo de líquido cae por la comisura de mis labios. Me seco con la mano y me dirijo a las escaleras.
Antes de subir, me paro en seco frente al espejo del primer escalón. Antes de mirar mi rostro, paso una ligera mirada por el cuerpo, todo en orden, salvo un leve temblor en las manos, especialmente en la mano derecha que usé para coger el vaso. Sigo subiendo, parpadeo justo en el momento en el que mis ojos se dirigían a ver su propio reflejo, y me detengo en mi cabeza, en mi pelo. Recuerdo que, antes de acostarme, él me dijo que tenía un pelo bonito, esbozo una leve sonrisa y pienso cómo cambiaría de opinión si me viese ahora. Cojo una goma del pelo que tengo preparada siempre en la muñeca. Cierro los ojos y paso mis manos por toda la frente, limpiándola, echando hacia atrás cada pelo pegado a mi piel por culpa del sudor de mi fiebre. Sin abrir los ojos, uno todo el pelo en una cola y lo ato. Ahora si me siento preparada para mirarme, para ver cualquier cosa inesperada, cualquier señal de inestabilidad. Con los ojos cerrados, suspiro, dirijo la mirada al frente, y los abro.
Ahí estoy, irreconocible. Como si, en tan solo unas horas, una vida entera hubiera pasado ante mi, sin haber tenido un atisbo de ella. No era la cara que se tiente tras una fiesta, era algo totalmente distinto, aterrador, oscuro. Cuando creía que nada había más siniestro que el crujido que hacía tres días provocaba mi ritmo al respirar... Me vi.

1 comentario:

Marcos Y. Jiménez Hidalgo dijo...

Qué cosa más profunda has escrito Sara. Me ha gustado, sí señora.

Pero bueno, dicen que cuando más hermosa está una chica es cuando amanece con todas esas ojeras y pelo de bruja xd.

En fin, no sé si es relato o basado en hechos reales pero alegría siempre.

Un abrazo y cuídate!